CARTA ABIERTA A RAÚL.

 

A diez años de la partida de Raúl Sorabella, la inolvidable “Doña Conché”.

 

Querido compañero del alma:

 

Si, ya sé. Me vas a decir que no era necesaria esta carta. Que nunca dejamos -en este tiempo- de comunicarnos. Pero bueno, los “escribas”, somos así. Lo hacemos para la posteridad. Para los que están y no descubren la verdad por si mismos; y para los otros. Los que tendrán que abrirse camino, en un mundo cada vez más despiadado. Para que haya un mañana.

Porque vos en eso, fuiste un ejemplo. Tu mañana fue breve, pero espectacular y único. Y sirvió para inscribir en las páginas del teatro correntino una leyenda: ser profeta en su tierra.

Cuántas giras, cuántos festivales transitamos juntos? Muchos, quizás demasiados. Nos bebimos el tiempo. Las horas eran como un vaso de agua, que permanentemente se llenaba y nosotros tomábamos y tomábamos con placer. Sintiendo que nunca nos íbamos a saciar. Griselda Doldán, Mario Bofill, Los Imaguaré…Los Alonsitos…cuantos escenarios compartidos…! Cuanta gente que rió, aplaudió y te amo. Cuantas ganas de vivir tenía esa vieja decidora correntina. Te llevaste sus verdades y esa forma tan clara que tenía de mirar la vida y afrontar cada día con su espíritu guaranítico.

Y aquí nos quedamos nosotros. Los que en ese momento sentíamos admiración por vos y te amábamos.  Esperando. En esta eterna travesía que es la vida. Esperando. Quizás en la utópica creencia que podrías regresar. Que el milagro podría repetirse. Pero la vida es más concreta. Es hoy, aquí y ahora. No podemos postergarla, buscando un mañana feliz.

Escribo, escribo y vuelvo a escribir. Quizás para soportar esa “extrañeza” que produce tu ausencia. “El lugar que queda vacío, no lo ocupa nadie”. Tu espacio, sigue siendo “tu espacio”. Más allá del tiempo y de los hombres. Porque partiste en el momento justo: querido, reconocido y amado. Pocos lo logran. Algunos lo merecen. Como vos.

El mundo ha cambiado. Querido Raúl. Te sorprenderías de verlo tal como es, hoy. Tuvimos más presidentes de los necesarios. Tuvimos más crisis económicas de las soportables. Y más burócratas mediocres culturales, de los que hubieras pensado. Pero el mundo es así. De los arriesgados, que no siempre suelen ser los seres humanos más éticos y responsables.

Y aquí estamos nosotros, peleando todavía desde el teatro. Conservo alguno de tus “hijos naturales” (como solías llamar a tus alumno de teatro). Otros partieron, quizás su destino no era el escenario. O nuestro escenario. Pero sabés? Logré afectos nuevos, es decir, recupere el vínculo que vos tenías, reforzándolo con una propuesta estética. María Esther Aguirre, tu amiga y compañera en “Animas de día claro”, es actriz de una de mis obras. Silvia Rivero, que la acompaña en la misma; heredó la vocación de su tío, tu amigo: Alberto Iñiguez. Pero que te cuento! Seguro que junto en el cielo de los justos, nos han de estar criticando! Uds. eran demasiados perfectos; en un mundo totalmente imperfecto. Sabés? También he descubierto nuevos talentos: José María Gómez Samela, protagonista de mi último estreno. Ya se perfila como un actor, que heredó tu impronta escénica. Te hubiese gustado conocerlo. Es un ser inteligente, talentoso y noble. Justo a tu altura. Como se debe ser.

De aquel grupo que formamos, hoy somos pocos. Pero no importa; vos ya sabés, la mística es difícil de mantener. La soberbia suele ser mejor compañera. Más facilista, no? De todos modos, logré algunos aciertos. Es decir, tengo algunos premios nacionales e internacionales. Pero lo más importante: sigo en el camino que juntos trazamos. Construí una nueva familia, tengo también afectos nuevos. Pero sigo en el camino que juntos trazamos. Porque eso es la vida. Ser fiel a los ideales. Más allá del tiempo y de las personas. Por encima de todo. Por todo.

Y me preguntarás, para que te escribo…? Supongo que para recordarme que estoy vivo. Que estás vivo. Que te pueden olvidar los apresurados, no los consecuentes en sus ideales. Posiblemente no merecías partir tan pronto. Pero posiblemente esa fue una señal. Como la estrella que pasa y solo vemos de ella, su estela fugaz.

Yo se que no me vas a extrañar. Porque es no era nuestra forma usual de relacionarnos. Se extraña lo que no se conoce. Y nosotros nos conocíamos. Por tanto vamos a recordarnos, mutuamente juntos. Hasta el próximo encuentro. Hasta la próxima obra.

 

                                                Tuyo, como siempre Ricardo.

 

Thierry Calderón de la Barca. (Dramaturgo, pedagogo de teatro, fundador junto a Sorabella de “El Aleph, Grupo de Teatro”).

20/08/95-20/08/05

Raúl Sorabella.

10 años en la memoria.