En escena: una mujer, un hombre. Él, correcto y distante, estará sentado a una mesa pequeña. Sus movimientos serán muy medidos. Casi exactos cuando se repitan. Ella, si es necesario tomará asiento frente a él. El resto del tiempo, permanecerá de pie, alrede- dor del hombre o como se estime conveniente. También puede haber un espe- jo de pie, al que ella hable mientras se dirige al hombre. En la mesa, un cenicero, un servicio de café, una cafetera. Un plato cubierto por otro plato.
ELLA: (A él). ¿Cree en el desarrollo ilimitado de la producción a escala
mundial; en los desplazados por la guerra; en las fuerzas de paz...?
ÉL: ...
ELLA: ¿En la silla? (Toca el respaldo) ¿En un lápiz? (Le muestra uno) ¿Un
bolígrafo? (Se lo enseña).
ÉL: ...
ELLA: ¿Quiere una taza de café?
ÉL: Sí, por favor.
ELLA: ¿Cree en el microondas, las compresas extraplanas, los ordenadores de
bolsillo?
ÉL: ...
ELLA: ¿En el fracaso escolar, en la pildora anticonceptiva, en la del día
después, en las campañas ecológicas, en la justicia...? ¿En la tortilla
española?
ÉL: ... (Muestra un cierto interés que la mujer capta).
ELLA: ¿Quiere un trozo de tortilla española?
ÉL: Sí, por favor.
ELLA: (Quita el plato que hace de tapa y corta un trozo de tortilla, el hombre
comienza a comer). ¿Cree en el amor romántico, en la pareja estable, en el
amor libre, en las separaciones matrimoniales, en la repartición de los
bienes y los hijos? Ya sabe: "Yo me quedo con Rosita, y tú con el
coche".
EL: ...
ELLA: ¿Cree en la palabras "mi amor", "cariño",
"cielo", repetidas cien mil veces el primer año de pareja, y al
final ninguna? ¿Y el matrimonio, cree en el matrimonio? ¿En la familia, quizá?
ÉL: ...
ELLA: ¡Oh, qué calor! Hace falta aire acondicionado.
ÉL: Sí, por favor, aire acondicionado. (Evidentemente, no hay aire
acondicionado).
ELLA: ¿Cree en las pasiones; en el ojo por ojo; mejor pájaro en mano; aquí
te pillo, aquí te mato; la solidaridad es un bien social; fumar perjudica a
la salud; todos somos hermanos? (Pausa) ¿En que hay un dios todopoderoso?
(Saca un paquete de cigarrillos). ¿Muchos dioses? (Retira uno de los
cigarrillos). ¿Quiere uno?
ÉL: Sí, por favor. (Él, enciende el suyo. Ella no tomará ninguno).
ELLA: Dígame: ¿cree en los Oscar de Hollywood, en que la luna es redonda, (a
partir de aquí debe decirse como una salmodia infantil hasta llegar a la
pausa) el sol da calor, el corazón hace tic-tac... tic-tac; los grillos cri...
cri...? (A continuación se vuelve al ritmo normal y tono normal). ¿Siente
celos, odio, amor, ira, orgullo, vanidad?
ÉL: ...
ELLA: Porque yo... ¡creo! Creo en todo esto y más. Creo... Creo... En...
absolutamente todo. ¡Todo! Y sé que usted también cree. Cree... No me engaña.
(Lo señala como si se lo mostrase a otros...) ¡Él cree! (El hombre deja el
cigarrillo en el cenicero si aún lo está fumando, se pone en pie, suave,
lentamente, con una sonrisa muy sutil en los labios. Deja la servilleta
correctamente sobre la mesa... Da uno, dos pasos... como para marcharse). ¿Pero
qué hace a dónde va? Todavía no hemos terminado.
ÉL: (En tono fuerte pero sin gesto de violencia) ¡Usted, no ha terminado!
ELLA: Ni usted.
ÉL: Yo sí.
ELLA: (Conciliadora) ¿Otro café?
ÉL: (Apacible). De acuerdo. (Toma asiento lentamente, de modo idéntico a
como lo ha hecho anteriormente, mientras ella le sirve otro café).
ELLA: ¿A que está rico?
ÉL: ...
ELLA: ¿También puedo ofrecerle una pata de pollo asado?
ÉL: ...
ELLA: ¿Un muslito?
ÉL: ...
ELLA: ¿Una alita?
ÉL: ...
ELLA: Una pechugita.
Él:...
ELLA: ¿Un patata...?
Él:...
ELLA: ¿Una batata?
Él:...
ELLA: Una batata es rica. ¿Probó alguna vez batata, con patata, cebolla,
zanahoria, ajo, pimiento y....pollo?
Él:...
ELLA: ¡Hay que ver lo que charlamos! ¡Cantidad! ¿Hace cuánto tiempo que
estamos charlando? Nos conocemos de siempre.
ÉL: ¿De verdad?
ELLA: Sí.
ÉL: (Se pone en pie de manera educada mientras sonríe). Dígame: ¿de verdad
nos conocemos de siempre?
ELLA: Sí, de siempre.
ÉL: ¿De verdad cree que nos conocemos?
ELLA: Sí, por supuesto. Somos dos seres humanos que creen en...
ÉL: ¿Creen? ¿Quién cree?
ELLA: ¿Cómo ha dicho?
ÉL: ¿Quién cree? (Pausa) ¿De verdad cree que nos conocemos?
ELLA: ¿Cómo ha dicho?
ÉL: ¿De verdad nos conocemos? ¿De verdad cree en algo? ¿De verdad somos
dos seres humanos? (Burlándose y señalándola...) Ella... cree. (Ríe a
carcajadas brutales, cortas, luego dice muy serio) No me haga reír.
ELLA: (Suavemente) ¿Otro café?
ÉL: (Como si no hubiera pasado nada). Sí, por favor. (Toma asiento. Se
acomoda la servilleta sobre el regazo).
ELLA: ¿Cree en el desarrollo ilimitado de la producción a escala mundial; en
los desplazados por la guerra; en las fuerzas de paz...? (Comienza a hacerse
lentamente el oscuro).
ÉL: ...
ELLA: ¿En la silla? (Toca el respaldo). ¿En un lápiz? (Le muestra uno). ¿En
un bolígrafo? (Oscuro total)
(De rodillas ante el espectador). Yo podía haberlo dicho antes. Pero ¿a
quién? (Mira a los lados más que buscando a alguien, buscando algo...).
Pero... (se lleva las manos a la garganta) se me atraganta aquí. (Varias
pequeñas toses, suaves). Aquí... (Golpeándose el pecho con más fuerza).
¡Aquí, aquí, aquí...! (Se cubre el rostro).
Un aborto. (Mira a un lado). ¿A quién le importa un aborto? Lo permite la
ley. Ya está. "Causas sicológicas" dicen ellos..., los chicos.
Es fácil. Sí... (Tose suave o carraspea). Ellos no te llaman "puta".
¿Puta? (Ríe con una risa fingida). No. Eso queda antiguo. Te dicen:
"Causas sicológicas... Es fácil chiquilla". Y te acompañan. Te
esperan fuera. Ya está. Nadie se entera. Nadie.
Tengo calor. (Se desabrocha un poco la blusa). Debe ser la leche. La tengo
aquí. (Toca sus senos). ¿La notas? (Toma una mano del espectador y la pone
en un pecho primero y luego en el otro). Se me está subiendo. ¿La notas?
(Retiene la mano del espectador y la acompaña recorriendo la redondez
caliente de los senos, los pezones. En ningún momento le permitirá poner
las dos manos, porque en esa contención está el deseo, y también la culpa
del confesor-espectador. Si es necesario ella misma lo detendrá). ¿Te
gustaría beberla? (Distante). ¡Déjame! (Fría). Déjame. Quizá fuera una
niña...
Era niña. (Mira a un lado). Cuando se lo dije no dudó ni por un momento de
que fuera suya. "Luis, estoy embarazada"... expliqué. "Una
hija..." pensé, pero no se lo dije. Yo quería tener la criatura. No
era de él, era de otro. Sí, de otro. De un camarero. Un chico andaluz,
divertidísimo que me quería un montón, y estaba pagando un piso... Un
coche, una lavadora... Iba a decirle yo, ¿con qué cara? que esperaba...
No se lo dije. Siguió sirviendo cubatas tras la barra; cafecitos, y
sonrisas acariciadoras. Entonces una tarde vino Luis y me dijo: "Chica,
ya lo tengo..." Fíjate qué bruto, qué manera de decir las cosas.
Tengo la dirección. Primero te ve el sicólogo. Está chupao. ¿Chupao? (Se
inclina hacia adelante hasta apoyar el rostro en las rodillas o entre las
piernas del espectador).
"¡Qué analogía!" pensé yo. ¡Chupao! En la clínica me
pusieron un vídeo. Era... para que no me olvidase de quién lo mataba.
Ellos no lo dijeron así, no; dijeron que era para darme la oportunidad de
reflexionar y hasta me hicieron escuchar (lo dice con rabia...) ¡el latido,
el latido!, (casi llorando, suavemente) el latido... de su corazón. (Se
contrae sobre sí misma. Y se yergue para decir...) Y el Luis, afuera... ¿Iba
yo a decidir otra cosa?
Pasé dos días en cama. Al siguiente, fui al bar donde trabaja mi amigo el
camarero. "¿Qué hay niña?" dijo él. "Nada. ¿Y tú?
contesté yo, alegremente, mientras le pedía un cubata y sentía vergüenza
de mirarme frente a frente en el espejo. Porque aquel niño podía ser de él,
¿o no? Podía ser de él... ¡Claro que podía ser de él!
Esta es la hora en que me sube la leche. El médico dice que es sicológico.
(Se palpa los pechos). Pero yo sé que está aquí. ¡Aquí! (Pausa). Y está
muerta.
Volver a Download