Monólogos Tragedia 1

 

La Cocina. Arnold Wesker

Peer Gynt. Henrik Ibsen

Otelo. William Shakespeare

¿Quién le teme a Virginia Woolf?. Edward Albee

Edipo Rey. Sófocles

Todos Eran Mis Hijos. Arthur Miller

 

 

La Cocina
Arnold Wesker

Parte Primera

Peter:
¿Usted se ha creído que es bueno?¡Es un hijo de puta!Habla asi porque ahora es verano.No hay bastante personal para servir a todos los clientes,por eso es bondadoso.¿piensa quedarse hasta el invierno?Espere y ya verá.¡El pescado está quemado! ¡demasiados firuletes! ¡la sopa está agria! Ese hombre es un restaurante.Se lo aseguro.Va al mercado todas las mañanas a las cinco y media;vuelve acá,lee la correspondencia,sube a la oficina y después baja a la cocina para vigilar el servicio.Acá se queda de pie,a veces da vueltas tocando el calorífero,cerrando las puertas de los calorí- feros y luego mirando dentro de eso y aquello.Mientras no se va el último cliente acá se queda.Después cabecea un poco en su oficina.Media hora duerme y luego baja otra vez y está acá de nuevo...hasta las nueve y treinta,a veces hasta las diez de la noche.Todos los dias,de la mañana a la noche.¿Qué clase de vida es ésa?Yo le pregunto,¿Es eso una vida?Yo voy a casarme pronto y entonces...puuuu(hace un movimiento del brazo que significa: me voy).

 



Interludio

Paul:
Escucha.Voy a decirte una cosa.Estoy de acuerdo con Dimitri también; cuando el mundo está lleno de cocinas,se encuentra chanchos... creémelo.En la puerta que está al lado de mi casa,en la casa vecina, vive un chofer de ómnibus.Es de Hoxton,de mi misma edad,está casado y tiene dos hijos.Me dice buenos dias,le pregunto cómo está,le doy caramelos para los chicos.Ésa es nuestra relación.De todas maneras, parece tener miedo de hablar demasiado,¿comprendes?¡Que Dios no permita que le pida algo!Por eso no nos exigimos nada.De pronto un dia los trabajadores de ómnibus se declaran en huelga.No trabajó durante cinco semanas.Todas las mañanas le decía: "Siga firme,amigo, ganarán".Todas las mañanas pronuncié palabras de aliento;le decía que entendía su causa.Tenía que levantarme temprano para ir a mi trabajo,pero no me importaba.Éramos vecinos.Éramos trabajadores los dos y él se sentía complacido.Después,un domingo,se organiza una marcha de la paz.No creo que hagan mucho bien,pero voy porque en éste mundo el hombre debe demostrar que tiene derecho a decir lo que piensa.En la mañana siguiente vino a verme y me dijo,escucha ésto ahora,me dijo:"¿Estuviste en esa marcha de la paz ayer?" Le contesté que si,que el dia anterior había estado en la marcha de la paz.Y él dice:2¿Sabes que opino? Que debieron dejar caer una bomba encima de todos ellos.Es una lástima que llevaron los hijos algunos,porque encima de todos debieron soltar una bomba".¿Y quieres saber qué era lo que a él lo enfurecía?Que la marcha detenía el tráfico y los ómnibus no podían circular con rapidez.Ahora yo no quiero que él diga que tengo razón,no quiero que esté de acuerdo con lo que yo digo,lo que me aterra es que no se haya detenido a pensar."Éste hombre ha ayudado a mi causa,y es posible,posible solamente,que también en su causa haya algo..Le hablaré de ésto". No.Se detenían los ómnibus,de modo que una bomba encima de todos. Y hubiese visto el odio en sus ojos,como si yo le hubiese asesinado el hijo.Una animal feroz parecía.Y lo más horrible de ésto es que... hay una pared,una gran pared entre yo y millones de personas como él. Y yo pienso:¿dónde terminará ésto?Miro alrededor,en la cocina,en las fábricas,en los enormes inmundos edificios que se levantan con todas esas oficinas y toda esa gente dentro y pienso:¡Cristo! Pienso, ¡Cristo! ¡Cristo! ¡Cristo! Estoy de acuerdo contigo Peter...tal vez una mañana nos despertaremos y descubriremos que ya todos no están. Por entonces pienso:¿debo dejar de hacer pasteles? ¿El obrero de fábrica debe dejar de hacer trenes y autos? ¿El minero debe dejar el carbón donde está?( Pausa )Dame una respuesta.Confíame tu sueño.


 

 

Peer Gynt
Henrik Ibsen

ACTO III

Peer:
¡Arre!¡Arre!Todos se maravillan viendo llegar a la fiesta a Peer Gynt con su vieja. San Pedro¿qué dices?¡prohíbes la entrada a la madre de Aase?¿Quién hay en el paraíso que valga tanto como ella?No te hablo de mi.¿Qué tiene de particular que se me obsequie? Si no,vuelvo riendas y desengancho.Es verdad que mis calaveradas la encolerizaron muchas veces:"¡Pajarraco!"Pero hice mal y quiero,buen apóstol,que se la honre y se la respete aquí.Vale igual que otra cualquiera.Asi son los buenos en nuestra tierra.¡Ah!Aqui viene el Padre Santo que te va a dar su merecido(ahuecando la voz)¡Te estás portando como un portero,San Pedro!Deja entrar a Aase y ni una palabra más(rie a carcajadas y se vuelve a su madre)Ya lo ves.¡Y ahora otra canción en seguida!(con angustia)¿por qué me miras asi, como si tu pupila fuese a estallar?Madre¿No me oyes?(se acerca a la cabecera)¡no me mires tan fijamente!¡Háblame madre!¡soy yo!¡tu hijo!(toca con precaución la frente y las manos de Aase)¡Ah!¡era ésto!¡Alazán,ahora puedes descansar!¡Ya hemos llegado!(ciera los ojos de Aase y se acerca a ella)¡Gracias por cuanto hiciste,por los golpes y las caricias!Y ahora, prémiame a mi también(apoya la frente en los labios de su madre)por haberte llevado hasta el fin.


 

 

Otelo
William Shakespeare

Acto III Escena III

(Emilia le acaba de entregar a Yago el pañuelo que Desdémona perdió en su cuarto)

Yago:
Voy a extraviar éste pañuelo en la habitación de Casio y a dejarle que lo encuentre.Bagatelas tan ligeras como el aire son para los celosos pruebas tan poderosas como las afirmaciones de la Sagrada Ecritura.Esto puede acarrear algo.El moro se altera ya bajo el influjo de mi veneno.Las ideas funestas son, por su naturaleza,venenos que en principio apenas hacen sentir su mal gusto; pero,poco a poco que obran sobre la sangre,abrasan como minas de azufre... Tenía yo razón¡Mirad,aqui viene!¡Ni adormidera ni mandrágora,ni todas las drogas soporíferas del mundo te devolverán jamás el dulce sueño que poseías ayer!


 

 

¿Quién le teme a Virginia Woolf?
Edward Albee

Acto III El Exorcismo

ENTRA MARTA HABLANDO SOLA

MARTA:
¡Eh!¡Eh!...¿Dónde se han metido todos?...(es evidente que nole importa dónde están) ¿Ajá? Me dejaron plantada como a una...que se yo...una perra apestada y después a la basura,igual que a una zapatilla vieja...¿Jorge?(mira a su alrededor)¿Jorge?(silencio) ¡¡Jorge!!¿Qué estás haciendo?¿te escondes o qué?(silencio)¡¡Jorge!!...(silencio)Bueno, vete a la...(se dirige al bar,se prepara una copa y sigue monologando como si se solazara con lo que dice)¡Desamparada,abandonada!Me dejan sola,a la intemperie,como a un gato viejo.¡Ja!¿Quieres quete sirva una copa,Marta?Gracias,Jorge,eres muy amable.No, Marta,no.haría cualquier cosa por ti.¿De veras, Marta?Si Jorge,por supuesto.Marta,te he juzgado mal.yo también te he juzgado mal,jorge.Pero¿DÓNDE SE HAN METIDO TODOS? Montar a la anfitriona./se rie con ganas y cae sentada en una silla.se calma,parece derrotada y dice suavemente:)¡Qué poca suerte!(más suave aún)¡Qué poca suerte! (haciéndose la nena) Papito,papito...a tu martita la dejaron sola con sus vicios...la dejaron sola a las... (mira el reloj)...a no se que hora en punto.Papá...ratoncito blanco¿es verdad que tus ojos son colorados?¿a ver?¡OoooH...es verdad!Es verdad.Papá tiene los ojos colorados... porque lloran siempre¿verdad que si papá?Si,es verdad,siempre lloras¡¡VOY A CONTAR HASTA CINCO PAR QUE SALGAN DEL ESCONDITE HIJOS DE PUTA!!(pausa)Yo también lloro siempre,papá, pero lloro para adentro,asi nadie se da cuenta.Siempre lloro y Jorge también llora.Los dos lloramos, y después de llorar juntos ponemos nuestras lágrimas en la heladera,en esas porquerías de cubeteras(empieza a reirse)Hasta que se congelan(se rie más fuerte) y entonces...las echamos...en nuestras copas(se rie pero la suya es algo más que una simple risa,después de un silencio tranquilo)Basta de líquido,cortemos el chorro,que se vayan todos,muertos,acabados,olvidados...No,la mierda vuelve siempre a flotar¡viva la mierda! ¡QUÉ NOCHE DE PÓKER!Qué desborde...(triste)Tengo parabrisas en los ojos,porque me casé contigo...muchacho...Marta podrías escribir letras para canciones(hace sonar el hielo en su copa)¡Clinc! (otra vez)¡Clinc!(lanza una risita,vuelve a sacudir el hielo varias veces)¡Clinc!... ¡Clinc!...¡Clinc!...¡Clinc!

 

 

 

Edipo Rey
Sófocles

EDIPO: (a Yocasta)

¿Cómo negártelo? Mi angustia es tal hoy que pierdo toda esperanza. Y, ¿qué mejor confidente podría tener que tú para confiarle mis temores y mi angustia en tal infortunio? Polibio de Corinto fue mi padre; mi madre, fue Mérope, de la Doria. Era el primero entre los ciudadanos yo allí, hasta una incidencia que bien valía ser atendida, pero con el ardor con que a mi me impresionó. Un hombre en un festín, cuando ya se llegaba a término, ya ebrio él, me dijo que yo era un hijo adoptado por mis padres. Me dio gran desazón esta noticia y apenas pude dominarme ese día. Al día siguiente me puse a urgir en alegatos a mi padre y madre sobre lo cierto o falso del asunto. Se airaron ellos contra el que había proferido tal aserto. Por el momento me dejaron satisfecho. Pero el pensamiento de aquél dicho me punzaba el alma a la continua y más y más se me clavaba en el corazón.

A ocultas de mi padre y de mi madre partí hacia Pito, y allí Febo nada me respondió tocante a mi pregunta. Pero dio una tremenda profecía, insufrible de oírse. Que subiría yo al lecho de mi madre, y de ese trato engendraría yo una prole abominable para todos los hombres, y que yo habría de ser el asesino de mi propio padre. No bien oí este monstruos asunto, me di a la huida, alejándome del rumbo de Corinto, guiado por las estrellas. Irme lejos, muy lejos, donde estos vaticinios no pudieran cumplirse: tal era mi anhelo.

Y así errando llegué hasta el sitio en que tú afirmas que fue muerto el rey. ¡A ti, mujer, toda la verdad he de decirte! Cuando en mi caminata llegué al sitio donde convergen los caminos, di de manos a boca con un heraldo y luego con una carroza en que era conducido un hombre al correr de los corceles. Un hombre todo semejante al que tú me has descrito. El heraldo al principio y enseguida el anciano me querían sacar del camino con violencia. Arrebatado de ira yo doy un golpe al que me echaba: Me ve el anciano y queda detenido hasta que yo llegué y cuando estoy a tiro, da contra mi, sobre de la cabeza, furioso azote con su fuete de dos puntas. ¡Cuán caro le costó! Como un relámpago lo hice caer de espaldas con mi bastón que le asesté certero. Quedo en medio del carro. Lo maté al punto y maté a los otros.

¿Qué hombre habrá más infeliz que al que tus ojos tienes, si aquel extranjero era pariente de Layo? ¿Podrá haber más aborrecible que él a las deidades? Si tal, nadie, nadie, ni ciudadano, ni extraño a esta ciudad podrá acogerme en su casa, ni dirigirme siquiera la palabra. Todos deben echarme de su hogar. ¡Bien veo ya que yo ha poco al maldecir al asesino, me estaba maldiciendo a mí mismo! ¡Yo mismo he decretado mi propia expulsión del país! ¡Yo profano a si propia esposa, cuando la tomo en mis brazos, en estos mismos brazos que a él le dieron muerte…! ¿Puede haber hombre más infame? ¿Puede existir un ser mas colmado de impureza? ¡Huir debo, tengo que ir al destierro… y ya no podré nunca ver a mis seres amados, y ya no podré nunca pisar el suelo de mi patria! ¡Ah, si yo regresara a ella expondría a contaminar el lecho materno, matar a Pólibo que me crió, que me engendró…!

¡Ah, nadie negar puede que un dios nefasto y adverso ha decretado contra este infeliz hombre este cúmulo de desgracias! ¡No, no, oh sacra majestad de los dioses, nunca vea yo ese día! ¡Morir mil veces antes, perderme a la vista de los mortales, antes de ver la mácula horrenda sobre mi!


 

 

Todos Eran Mis Hijos
Arthur Miller

Acto I

KELLER:-
Escucha,haz lo que hice yo y todo marchará sobre ruedas.El día que volvía a casa,bajé del coche...pero no frente a la casa,sino en la esquina.Todo el mundo sabía que me ponían en libertad aquel día y las puertas estaban llenas de gente.Imagínate;nadie creía en mi inocencia.Decían que yo me había arreglado para que me absolvieran.Bajé,pues,del coche y comencé a avanzar por la calle,pero muy lentamente.Y con una sonrisa.¡El criminal!Era el monstruo,el tipo que había vendido culatas de cilindro rajadas a la fuerza Aérea del Ejército, el tipo que había hecho que se estrellaran veintiún P-40 en Australia...Chiquita,cuando avanzaba por la calle aquél día,me sentía el más feroz criminal del mundo.Salvo que no lo era y que llevaba en el bolsillo un papel del tribunal que así lo probaba.Y pasé...por delante de las puertas.¿Resultado?Catorce meses después,tenía otra vez uno de los más acreditados talleres del Estado.Era otra vez un hombre respetado,con más poder que nunca.


 

Ir a Monólogos Tragedia II

Regresar a Download

Regresar a Indice