TEORIA Y TECNICA TEATRAL

Fragmento tomado del libro de Fernando Wagner

CAPITULO 3

Sobre el trabajo del Actor

En el teatro, donde, según la falsa concepción del ignorante, se encuentra el reino de la máscara, del disfraz y del disimulo, aparece el hombre verdadero, menos artificioso, menos maquillado que en ningún otro lugar. Este es el verdadero sentido de esa «prostitución» que produce el arte teatral: cae el biombo que encubre el alma, y el ser interno se manifiesta. EL teatro es precisamente mucho más de lo que cree La mayoría de la gente: no es ningún cuadro multicolor, no es simplemente «teatro», sino algo que desata y libera; por lo mismo, algo mágico en nuestra existencia.

EG0N FRIEDELL

Parte 1: Los distintos tipos de actores

Del mismo modo que establecimos una distinción entre tres clases de figuras teatrales, así también podemos dividir a los actores en tres «tipos» o clases:

1)   El actor de personalidad recia y definida.

2)   El actor de personalidad múltiple, que se transforma en cada papel.

3)   El actor especializado.

Al primer grupo pertenecían actrices como Sarah Bernhardt o Margarita Xirgu, cuyas actuaciones constituían siempre manifestaciones subjetivas de su personalidad.

El segundo grupo, el de los actores que logran perfectas caracterizaciones, interpretaciones objetivas, es sumamente reducido porque exige al actor conocimientos de caracterización, tanto interna como externa.

De los actores modernos, pertenecen a este grupo Fernandel y A. Guinness, ambos, maestros en el arte de transformarse. El actor italiano Vittorio Gassman muestra, en un solo espectáculo, su notable facilidad para transformarse en los múltiples papeles del «collage» Juego de Héroes, cambiando a la vez con absoluta seguridad de un estilo de actuación a otro: pasa del naturalismo escénico en la Commedia dell’Arte del Ruzzante al tono romántico de Kean, llegando a la máxima estilización al interpretar el Orestes, de Alfieri, para terminar con Pirandello y Danilo Dolci.

Los que no poseen esta recia personalidad ni este raro talento para crear caracteres objetivos, integran el tercer grupo, formado por actores especializados en tipos determinados. Esto no significa que sean actores inferiores o de menor calidad artística. El hecho de que aparezcan incluidos en este grupo no puede atribuirse a su disposición artística, sino a las exigencias del público y a las actuales circunstancias.

El público ha querido ver, tras el maquillaje, la personalidad real de cada actor, al contrario del de la antigua Grecia, al cual la máscara ocultaba por completo su individualidad. Finalmente, el teatro realista y luego el cinematógrafo han contribuido a este afán del público; el actor que en una ocasión obtuviera un gran éxito al interpretar cierto tipo, determinado carácter, fue obligado a seguir representando el tipo que tan felizmente creara: «Inmediatamente declaran los críticos —a quienes tanto les gusta clasificar— esta forma de actuación la esfera especial del actor..., lo que no era más que casual ocurrencia, lo declaran preferencia y actitud dominante... ».

Esta especialización —rasgo típico de nuestros tiempos— logra, por una parte, una perfecta actuación de tipos determinados; pero significa, por otra, un empobrecimiento del mismo artista, a quien finalmente no se deja representar sino el tipo en que está especializado. Así, los empresarios de. los grandes centros teatrales, como Nueva York o Londres, contratan hoy dos «grandes figuras», es decir, de fuerte atracción personal para el público, y los rodean de lo que se llama en inglés supporting cast, conjunto de actores altamente especializados, que son contratados sólo para determinado papel. Así se ha liquidado el antiguo «conjunto de repertorio», donde los actores se conocían, y se lograban representaciones de una perfecta armonía artística.

Ciertamente, las obras teatrales modernas tienen exigencias de que carecían las de antaño. Los caracteres del teatro moderno son muchísimo más complicados que los del teatro clásico —como el español, por ejemplo—, donde los papeles se ajustaban perfectamente a la primera dama, la segunda, el galán joven, el barba, el gracioso, la característica, etc. Hoy día, no es sin duda tarea fácil encontrar en un conjunto actores capacitados para interpretar papeles tan diferenciados como los de las obras psicológicas actuales.

Pero, sin duda alguna, para el actor —como artista que debe expresar las más diversas emociones, los más opuestos caracteres— esta limitación a determinado tipo ha sido sumamente perjudicial.

Hay otro grupo, el de las «estrellas», que no incluimos entre los actores porque no actúan propiamente, sino que se limitan a exhibir su atractiva personalidad, usando el papel que han de interpretar como vehículo para sus fines personales. No obstante, estas «estrellas» necesitan también cierta técnica, cierto desenvolvimiento en escena, para agradar a «su» público. En la industria cinematográfica no hay necesidad ni de eso: la hábil fotografía, la inteligente dirección que enseña al público la bella cara fotogénica de una mujer atractiva, desde su mejor ángulo, crea impresiones emotivas sin que la hermosa mujer necesite tomarse la molestia de actuar; como dice Halliam Bosworth: «Con el hermoso perfil de la estrella mostrado al espectador, y sus largas y oscuras pestañas temblando ligeramente, parecía expresar un profundo sentimiento, y el efecto era extraordinariamente sugestivo. En realidad, no estaba actuando en absoluto, sino que sólo se dejaba fotografiar».