TEORIA Y TECNICA TEATRAL
Fragmento tomado del libro de Fernando Wagner
CAPITULO
2
Tres
problemas básicos de actuación
Solamente quisiera que el escenario fuese tan estrecho como la cuerda de un equilibrista, a fin de que ningún torpe osara pisarlo.
GOETHE
Parte
3: Interpretación plástica del papel
El
movimiento del actor debe ser el natural complemento de la palabra, pues no
solamente da a ésta mayor énfasis, sino que se convierte, frecuentemente, en
expresión suprema, como en el final de Pygmalion o —casi a la manera
de la Commedia dell’Arte— en el final del segundo acto. de Vidas
privadas, de Noei Cóward, con la violenta discusión entre Amanda y Ellyot
y la entrada muda de Sybil y Víctor. Ya hemos dicho que se habla más
lentamente en escena que en la vida. Ahora observemos que los movimientos escénicos
se ejecutan, en general, con mayor frecuencia y variedad que en la vida real, y
actos como escribir y comer, con mayor rapidez. Se ha de tener en cuenta que
cada movimiento del actor es registrado invariablemente por el público. Todo
movimiento debe tener su razón de ser; movimientos fuera de lugar distraen la
atención del espectador.
No
hace aún cien años, los, actores se movían en escena obedeciendo a su propio
impulso; había, generalmente, un actor de mayor autoridad que cuidaba del orden
del ensayo e indicaba por dónde habían de efectuarse las entradas y salidas.
En aquel entonces, la actuación tenía gran parecido con las funciones
convencionales de ópera: formar bellas composiciones era ya la máxima aspiración,
mientras la dicción, el bien decir era objeto de sumo cuidado. La puesta, casi
estática, del Britannicus en la Comédie Française nos da, aún hoy,
una idea exacta de cómo era el clásico estilo francés: una interpretación
solemne, inmóvil, dentro de un marco escénico neutro. El conflicto de las
grandes pasiones apenas se advierte a través de la noble compostura de los
personajes.
Hoy
día, la principal tarea del director de escena, o régisseur, consiste
en mover sus figuras de acuerdo con el estilo de su miseen-scéne, tratando
de acentuar la acción dramática, de interpretar la obra por medio de
movimientos y situaciones bien planeados, y evitando repeticiones y posiciones
confusas.
Distinguimos
entre movimientos básicos y movimientos secundarios. Es obvio, desde luego, que
el público no apreciará diferencia alguna entre estas dos clases de
movimientos, que para el actor, sin embargo, significan una distinta técnica o
,método de ejecución.
El
movimiento básico es un movimiento, una acción, que exige la obra misma
en determinado momento para no interrumpir la continuidad dramática; por
ejemplo, una salida a escena, un mutis, la acción de escribir una carta,
disparar un arma de fuego, son movimientos y acciones básicos. Si no se efectúan
en el instante preciso, fatalmente se interrumpe la obra. Para esta clase de
movimientos, a no ser que se persiga un efecto distinto, suele aconsejarse la
forma más cómoda, el camino más corto, la acción más sencilla, a fin de
darles una mayor suavidad y naturalidad.
El
movimiento secundario no es menos importante que el básico. Este
movimiento —planeado de acuerdo con el carácter del personaje, de la escena y
de la obra misma— será el verdadero complemento de la palabra, el movimiento
interpretativo. El actor debe moverse siempre dentro de su carácter, procurando
ejecutar gran variedad de movimientos —frecuentemente, pequeños—, .que
deben verificarse con la mayor naturalidad. Aunque la supresión o equivocación
de un movimiento secundario no salta a la vista, sí causa un desequilibrio muy
molesto para los demás actores. El movimiento secundario debe siempre subrayar
el diálogo, prestar una mayor claridad a los cambios emotivos, señalar
reacciones, pero en ningún caso distraer la atención del público. Todo
movimiento básico debe prepararlo él actor por medio de movimientos
secundarios que faciliten, su ejecución. Un mutis, por ejemplo, exige su
preparación: levantarse oportunamente del asiento, tomar el sombrero y
acercarse a la puerta. Así se logra dar suavidad o rapidez natural al
movimiento básico, o sea, al mutis. Existen muchas reglas de movimiento que
pueden ayudar al actor a adquirir la agilidad y naturalidad indispensables en el
teatro.
1)
Los términos «izquierda» y «derecha» se refieren aquí, y en la mayor parte
de la literatura dramática, a los lados izquierdo y derecho del actor.
2)
El camino más corto, el movimiento más sencillo, más fácil, para llegar al
lugar designado, será generalmente el más cómodo y, por lo tanto, el más
natural.
3)
Para dar una vuelta, el actor debe buscar el ángulo más corto, que producirá
un efecto de mayor naturalidad. Esta regla es contraria a la vieja escuela
teatral, que exigía siempre la vuelta de cara al público.
4)
Todo movimiento suele comenzar en los ojos, de donde pasa a la cabeza y,
finalmente, al cuerpo.
Anticipar
el movimiento con la mirada contribuye grandemente a la suavidad de la acción.
5)
No hay que dejar vagar la mirada, ni pestañear, ni bajar la vista al suelo.
Seguridad y firmeza en el mirar prestan al carácter seguridad y aplomo. Por lo
general, se mira a la persona que constituye el centro de la acción. El actor
bajará la vista cuando se trate de expresar vergüenza, falsedad, disgusto o
impaciencia, o cuando así lo requiera la caracterización del personaje, como
en el caso de la madre en Seis personales en busca de autor, de
Pirandello, que «tendrá siempre los ojos bajos».
6)
Cuando un actor efectúa un movimiento alejándose de la persona con la
cual conversa, debe mirar hacia dónde va, sin dirigir la vista al suelo.
7)
Por lo general, el actor debe moverse durante su propio diálogo, de
acuerdo con él, y, en parlamentos ajenos, sólo cuando así lo exige la obra:
para expresar una reacción violenta, por ejemplo. De otra suerte, un movimiento
durante un parlamento ajeno distrae la atención del público y es una descortesía
para con los demás actores. Tampoco debe moverse el actor al decir algo de suma
intensidad dramática. Jean Vílar mantiene en su puesta de Enrique IV, de
Pirandello, al principio de la obra, un intenso y amplio movimiento general de
las figuras, que cesa totalmente cuando Enrique IV,
interpretado por Vilar, entra en escena. De ahí en adelante, todo movimiento
escénico, si lo hay, está exclusivamente al servicio de la figura central, que
se mueve libremente; en este caso, al servicio de Vilar mismo.
8)
Cuando en escena se ejecutan movimientos secundarios, debe evitarse que
dos o más actores se muevan al mismo tiempo. Esto se ve mal, sobre todo cuando
un actor parece correr tras de otro. Tratándose de movimientos básicos, tales
como un mutis colectivo, una reacción general, un encuentro entre dos actores,
etc., la acción deben efectuarla todos a un tiempo.
9)
Cuando salen dos actores a escena hablando, generalmente debe salir
primero el que escucha y seguirlo el que habla, a menos que éste sea una dama o
un personaje de alcurnia.
10)
El actor no empezará su movimiento hasta que termine el del actor
anterior, a menos que haya motivo para lo contrario.
11)
Todo movimiento básico debe ser resuelto, a no ser que la indecisión
forme parte del carácter que se representa. Movimientos vagos e indecisos
restan fuerza al diálogo.
12)
Los movimientos secundarios deben, por el contrario, ser suaves, aunque
no vacilantes.
13)
No deben enlazarse dos movimientos escénicos. No hay que comenzar un
movimiento nuevo sin que haya terminado por completo el anterior. Por ejemplo,
para ir a tomar un asiento se deben efectuar, por lo menos, tres movimientos
aislados: 1.º Acercarse a la silla. 2.º Volverse. 3.º Tomar
asiento. De otro modo, la acción aparece precipitada y poco natural.
14)
Para dar suavidad y naturalidad a los movimientos básicos es preferible
prepararlos por medio de movimientos secundarios, a fin de evitar que su ejecución
encuentre al actor en una posición incómoda.
15)
El actor debe medir tanto su salida a escena como su mutis. Cuando el
movimiento es largo, porque hay que subir o bajar escaleras, abrir puertas,
etc., habrá que iniciarlo con suficiente anticipación. Asimismo, un mutis
largo se anticipa por medio de uno o más movimientos secundarios, que lo
facilitan.
16)
Cuando un actor hace mutis y reaparece luego en escena, debe,
generalmente aparecer por el mismo lugar por donde efectuó el mutis.
17)
Todo movimiento debe empezar con el pie del lado hacia el cual nos
dirigimos y terminar con el mismo pie. Así, para efectuar un movimiento a la
izquierda, el actor empezará y terminará con el pie izquierdo. De este modo
queda siempre en situación favorable respecto al público.
18)
Todo movimiento hacia una persona se hará al lado de ella, guardando el
actor suficiente distancia para no cubrirse y quedar, por lo tanto, en situación
favorable; en todo caso, es posible corregir la posición efectuando un
movimiento de retroceso.
19)
Jamás debe el actor acercarse demasiado a otro aun cuando deba estar
cerca de él. Esto no solamente causa mal efecto al espectador, sino que se
obstaculizan los subsiguientes movimientos.
20)
El actor debe moverse en escena procurando siempre quedar en posición
que facilite su siguiente movimiento.
21)
El cruce en escena es de suma importancia, porque cambia la posición de
los actores entre sí —lo que equivale a un cambio de la situación psicológica—
y exige una preparación especial:
a)
Primero, es necesario acercarse a la persona o personas que hay que
cruzar. De otro modo, el cruce resultaría demasiado largo y poco natural.
b)
Luego se efectúa el
cruce con decisión (regla núm. 11), empezando y terminando con el pie
correspondiente al lado hacia donde el actor se dirige (núm. 17), mirando en
esa dirección (número 6) y cuidando de no obstaculizar a la persona o personas
que se cruzan.
c)
Efectuado el cruce, hay
que quedar en posición favorable para el siguiente movimiento (núm. 20). Sobre
todo, debe evitarse permanecer demasiado cerca de la persona que el actor cruzó.
d)
Una vez efectuado el
cruce, se da vuelta al centro de acción, empezando este movimiento con la
mirada y siguiendo, con suavidad, el cuerpo (núm. 4).
e)
Por lo general, el
cruce debe hacerse delante de los demás actores. Existen, desde luego,
excepciones: los criados, por ejemplo, cruzarán detrás de los personajes
principales.
22)
No efectuar un movimiento grande, sino varios pequeños> que resultarán
más naturales, siempre que no se reduzcan a un solo paso ridículo.
23)
Debe evitarse quedar alineado con los demás actores.
24)
Hay que procurar no estar cubierto ni cubrir a otros.
25)
Generalmente se camina en línea recta —a menos que se trate de un
borracho, o en ligera curva, por razones de visualidad—. Cuando camina, el
actor debe procurar:
a)
No doblar demasiado las rodillas.
b)
No mover los hombros.
c)
No tocar primero con
los tacones el piso. Las actrices, sobre todo, deben saber «deslizarse», es
decir, tocar primero el piso con la punta del pie, manteniendo las puntas
ligeramente separadas en forma de V.
26)
Los movimientos violentos o rápidos no deben ejecutarse con ímpetu>
sino solamente aparentarlo. El actor no debe nunca perder el dominio de sus
movimientos.
27)
El actor no debe salirse del decorado ni de las áreas iluminadas.
Siempre hay que tomar en consideración que el público tiene derecho a
presenciar el desarrollo de la acción.
28)
Para subir o bajar escaleras, el actor aplicará la regla número 17; es
decir, al subir una escalera que conduce a la izquierda, es el pie izquierdo el
que empieza a subir y termina el movimiento. Esto implica que el actor debe
medir sus pasos en los ensayos para quedar en situación favorable.
29)
Al subir o bajar escaleras no debe inclinarse el cuerpo, a menos que se
trate de una caracterización. Para dar elegancia a este movimiento, sobre todo
si se trata de una dama, no deben mirarse los escalones, sino «sentirlos»
primero con la punta del pie antes de apoyar todo él en el escalón.
30)
El actor debe cuidar de que sus modales en escena correspondan al
ambiente o la época de la obra. Los personajes de las obras de O. Wilde, por
ejemplo, requieren la observancia de una etiqueta que debe dar la impresión de
perfecta naturalidad, y, en el caso contrario, como en Los balos fondos, de
M. Gorki, los modales vulgares que emplee el actor deben parecer también espontáneos.
31)
Al sentarse, nunca se debe buscar el asiento con la mirada. El actor debe
saber, sin mirar, dónde está el asiento que le corresponde, y, antes de
sentarse, sentir su borde con la pierna.
32)
Las damas deben sentarse con las rodillas juntas y con los pies
ligeramente abiertos; nunca pararse con las piernas abiertas y las puntas de los
pies hacia dentro, a menos que el carácter del personaje exija esta postura,
porque no debe olvidarse que, ya al pararse en escena, deba el actor revelar carácter.
En cuanto a la actriz, si permanece parada con las piernas abiertas, indica
vulgaridad, y cierta ingenuidad tonta, si lo hace con los pies hacia dentro.
33)
Sólo cuando está segura del corte de su vestido, cruza una dama la
pierna. Nada es tan ridículo como una actriz bajándose continuamente la falda,
a menos que se busque dar esta impresión.
34)
Para efectuar una caída en escena, el actor debe empezar por doblar las
rodillas, que son la parte de su cuerpo que debe tocar primero el suelo; al
mismo tiempo, extenderá los brazos con las palmas de las manos hacia abajo de
modo que sean éstas, junto con las rodillas, las que reciban el peso del
cuerpo, que deberá mantenerse completamente suelto. Siguiendo esta técnica, el
actor no se lastima.
35)
Las actrices procurarán caer siempre de lado, protegiendo el pecho y la
cara con el brazo y la mano correspondientes.
36)
Para levantar un objeto del suelo, el actor no debe nunca agacharse, sino
doblar primero la rodilla que corresponde al lado del público e inclinarse
después a recoger el objeto. Debe evitarse efectuar este movimiento de cara al
público.
37)
Para arrodillarse, debe procederse de la misma forma; es decir, doblar
primero la rodilla que corresponde al lado del público y después la
correspondiente al foro, descansando el empeine sobre el tablado. Para efectuar
esta clase de movimientos, el actor debe adquirir seguridad y equilibrio, que
pueden proporcionarle la práctica de la esgrima y la gimnasia.
38)
También los besos en escena deben ensayarse. Hay que saber quién va a
dar el beso. Por lo general, la mujer es más hábil para esta tarea que el
actor. Se pueden fingir besos si el actor cubre con su cuerpo a la actriz. Todas
estas acciones ponen en peligro el maquillaje. Al estar junto al galán, la
actriz debe procurar, sobre todo, no manchar su traje, lo que se evita poniendo
la mano entre la cara y el traje.
39)
Hoy día el primer actor puede perfectamente dar la espalda al público,
pero este movimiento debe estar justificado, porque la atención del público se
traslada de su persona hacia la otra persona o el objeto que ha motivado tal
movimiento.
40)
Las reacciones no deben
precipitarse. El actor no debe demostrar de antemano que sabe lo que ocurre o lo
que se dice, sino reaccionar después de oído o visto aquello que produce la
reacción.
41)
Muchas veces —sobre todo en la comedia—, el actor anticipa la mímica
o la acción a sus correspondientes palabras. Esto da espontaneidad a la actuación
y es un recurso de tal importancia que se tratará, más adelante, dentro del
capítulo sobre la continuidad de ideas.
42)
El actor que debe estar sentado durante una larga escena puede romper la
monotonía de su posición y animar su diálogo cambiando de postura en su
asiento.
43) El actor que espera su salida a escena debe evitar ser visto por el público o proyectar su sombra en la escena.
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